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Libreta de salud infantil familiar digital




De responsabilidades y conocimientos alimentarios

Autor
Lic. Antropología Diego Diaz Cordova
Zonapediatrica.com Staff
Diferentes estudios sobre antropología alimentaria, señalan que, en los últimos tiempos, estamos asistiendo a un desplazamiento de las responsabilidades y de las elecciones con respecto a la comida.

Desde los mayores el flujo circula hacia los niños y son ellos quienes hoy toman las decisiones.

Esta situación es prácticamente inédita en la historia de la humanidad y no hace falta remontarse mucho en el tiempo para encontrar una situación muy diferente.
Antropologia alimentaria
El conocimiento sobre la comida siempre estuvo en manos de los adultos.

Durante miles de años y hasta el surgimiento de las ciencias que estudian la nutrición, en el siglo XX, fueron las familias, a través de la cultura, las encargadas de determinar lo que era bueno o malo para comer, según la cantidad de recursos disponibles, el sexo, la edad, la posición social que se ocupara, etc.

En términos sociales, ese saber popular y empírico, fue reemplazado por el conocimiento científico, pero éste quedó circunscripto al ámbito del consultorio y la visita médica. Las ciencias de la alimentación, en sentido estricto, nunca gozaron de popularidad mediática.
Lo que vemos en los medios es simplemente una publicidad disfrazada de discurso científico. Las apariciones rigurosas son siempre escasas. 

De este modo la población quedó desprovista de su conocimiento tradicional, al mismo tiempo que el saber legitimado no trascendió las fronteras de la propia academia. Las familias quedaron a la merced de la propaganda de empresas alimentarias, cuyos fines siempre fueron los de recaudar dinero y aumentar la ganancia, es decir en donde la consideración acerca de la salud nunca estuvo entre sus objetivos.

El divorcio entre la academia y la vida cotidiana, cuyos esporádicos encuentros suelen circunscribirse únicamente a las visitas que se hacen a los consultorios, genera una situación de incertidumbre para una problemática que necesita de respuestas todos los días.

La gente navega entre la desconfianza de la tradición, la incomprensión del discurso científico y la seducción que ofrecen la publicidad y la industria.

La resultante es un exceso de reglas y normas, muchas de ellas contradictorias, que se manifiestan en los claros desórdenes alimentarios que se observarn hoy en día.

A esta problemática se suma la cuestión monetaria, es decir la necesaria disponibilidad de numerario para adquirir los alimentos; alimentos que en los últimos tiempos encarecieron su precio en todo el mundo y en donde generalmente los más sanos son a la vez los más caros.

La situación es compleja y la responsabilidad muy grande. Al mismo tiempo los efectos no son inmediatos sino que se acumulan y estallan luego, con el correr del tiempo, en un conjunto de enfermedades no transmisibles, como la diabetes o la misma obesidad.

Frente a esta situación, los estudios antropológicos observan que las decisiones se dejan por primera vez en la historia en manos de la infancia. Fogoneados por una publicidad que establece un paralelismo entre conocimiento y naturaleza, paralelismo siempre falaz en la historia humana, se asume que los niños poseen una sabiduría por defecto, no contaminada por la cultura y por lo tanto "más natural".

Ahora mismo hay una propaganda de salchichas en la tv que afirma que los que más saben del rubro son los niños.

El bombardeo incesante en los canales de televisión para niños es un incentivo ilimitado para el reclamo constante. No es difícil observar en los supermercados el pedido de los infantes que ya no sólo exigen comida para niños (orientada a ellos en sus aspectos publicitarios y no en sus aspectos saludables), sino para adultos, pero con figuritas y personajes del mundo infantil. Así encontramos en las góndolas desde fideos hasta lácteos con figuritas y dibujitos de los ídolos de los niños. Una novedad del marketing a la que el Estado aún no ha puesto límite.

Las restricciones las tienen, siempre, que poner los adultos.

Ante las dudas se deben consultar a los médicos y ante la ausencia de médicos, se debe recurrir a las tradiciones familiares.
Siempre son éstas mucho mejores que generadas por la publicidad.
Al menos en las familias el objetivo no es el lucro y sí el bienestar de sus miembros.
Por otra parte si no se pueden poner límites y reglas a lo que los niños comen, ¿se pueden poner reglas y límites en los otros aspectos de la vida?.

Autor
Lic. Antropología Diego Diaz Cordova
Zonapediatrica.com Staff


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