Los enfermos belgas que sufran una enfermedad "sin salida", podrían pedir la ayuda del médico para terminar con su vida.
Así al menos lo ha aprobado el Senado de Bélgica. Los médicos no cometerán infracción por atender tal demanda si cumplen las condiciones de la ley. Los ciudadanos podrán, además, acogerse a un testamento vital cuya validez será de cinco años.
El proyecto debe ser revisado por la Cámara baja, pero la aprobación en el Senado es un paso decisivo.
Las condiciones serían que el médico debe cerciorarse de que la petición del paciente es voluntaria, fruto de la meditación y en ningún caso por presión externa. El paciente debe padecer una enfermedad incurable, que le produzca un sufrimiento físico o psíquico constante e insoportable. Siempre se deberá pedir una segunda opinión, y si el paciente no está en estado terminal, una tercera. El proyecto prevé plazos, y una comisión de expertos deberá comprobar posteriormente si se ha respetado el procedimiento.
Según una encuesta elaborada en marzo de este año, el 72% de los belgas estaría a favor de la eutanasia. Incluso una investigación afirmaba que en los hospitales se falsifican con frecuencia las fechas de los decesos en lo que puede ser el ocultamiento de eutanasias.
El proyecto fue aprobado por 44 votos, contra 23 y 2 abstenciones. Rechazan el proyecto los partidos social-cristianos de la oposición.
Sólo Holanda y el Estado de Oregón han legislado sobre la eutanasia. El Senado belga ha aprobado paralelamente una ley que garantiza los cuidados paliativos a todo enfermo incurable.
Eutanasia en Bélgica: «Un retroceso para la civilización»La propuesta, aprobada por el Senado, será votada por los Diputados
BRUSELAS, 26 octubre 2001.- Bélgica ha decidido seguir los pasos de los Países Bajos en el polémico camino de la eutanasia. La Conferencia Episcopal ha calificado el proyecto de ley como «un retroceso para la civilización».
Este jueves, el Senado aprobó por 44 votos a favor (liberales, socialistas y verdes); 23 en contra (socialcristianos) y dos abstenciones un proyecto de ley que determina reglas, procedimientos y condiciones a las que deberán atenerse los médicos para practicar la eutanasia sin incurrir en delito.
Antes del vía libre definitivo, la ley tendrá que ser aprobada por el Congreso de los Diputados que se expresará en los próximos meses.
La normativa aprobada está subdividida en 16 artículos. El medico deberá asegurarse de que el paciente sea mayor de edad (en Holanda el límite es de 16 años) y se encuentre en plenas facultades mentales.
La petición, en forma escrita, debe ser «voluntaria, reflexionada y reiterada» y no fruto de presiones externas. Compete también al médico verificar que la enfermedad sea incurable y provoque un «sufrimiento físico o psíquico constante e insoportable».
La ley prescribe la consulta de otro médico independiente para valorar la gravedad de la patología. En el caso de que el decurso natural de la enfermedad no haga prever una muerte a breve plazo, deberá ser escuchado un tercer especialista.
Cada caso de eutanasia deberá ser notificado a una comisión federal de dieciséis miembros (profesores de derecho, abogados, expertos) que será la encargada de verificar si se han respetado todas las condiciones exigidas por la ley. En caso contrario, los expedientes serán enviados a la autoridad judicial.
En Bélgica, el debate sobre la eutanasia ha implicado a fondo a la sociedad civil, con un vivo enfrentamiento entre las partes a favor y en contra. En el frente político quien ha propiciado este cambio ha sido la coalición «arco iris» formada por los liberales, socialistas y verdes, en el Gobierno desde junio de 1999, tras 40 años de presencia ininterrumpida de los socialcristianos en el Ejecutivo.
En el Senado han sido votadas y rechazadas casi 150 enmiendas, sobre todo de la senadora democristiana Clothilde Nyssen. «Este texto --ha dicho la senadora-- va demasiado lejos. A muchos médicos no les gusta porque el grado de discrecionalidad que se les da es demasiado amplio».
Pero a pesar de que cinco senadores de la mayoría han roto la disciplina de partido --tres con un voto contrario y dos con abstención--, la ley ha superado el primer obstáculo.
En un comunicado hecho público ya en julio pasado, la Conferencia Episcopal de Bélgica consideró esta ley como «una contradicción con el corazón mismo de una sociedad respetuosa de la vida humana y preocupada por las personas más vulnerables».
La Iglesia católica en Bélgica, como explica el texto, no propone abandonar a su suerte a enfermos con terribles sufrimientos. En este sentido, los obispos apoyan la recomendación del Consejo de Europa de junio de 1999 en la que se declara que toda la gama de tratamientos paliativos debe ser accesible a todos.
Al mismo tiempo, los prelados llaman a los ciudadanos belgas a una auténtica solidaridad con los enfermos, que no termina en los cuidados médicos, sino que implica también una solidaridad afectiva y efectiva con cada uno de ellos.
Australia: Un médico de cada tres acelera la muerte con fármacos
Según un estudio de la Universidad de Newcastle
SYDNEY, 21 noviembre 2001 Más de un médico australiano de cada tres recurre a suministrar dosis excesivas de antidoloríficos para apresurar la muerte de enfermos terminales, a menudo sin preguntarles si quieren morir. En ocasiones se trata de auténticos casos de eutanasia, a pesar de que está prohibida por la ley.
Lo ha revelado un estudio de la Universidad de Newcastle en Australia, que ha entrevistado a 683 médicos y ha descubierto que el 36% ha suministrado a pacientes terminales fuertes dosis de fármacos con intención de apresurar la muerte y aliviar los sufrimientos.
Más de la mitad de estos médicos, es decir el 20% de los entrevistados, declaran que los pacientes no les habían pedido acelerar la muerte. Un detalle que podría incluso dar a los familiares la posibilidad de emprender acciones legales contra los médicos, culpables de haber actuado contra la ley, que en Australia penaliza la eutanasia.
El estudio, publicado por el «Medical Journal of Australia» y recogido por el «Sydney Morning Herald» es uno de los primeros, fuera de Holanda, en extender el examen de las muertes asistidas a casos en los que no existe petición específica por parte de los pacientes.
Los autores han comprobado que un factor determinante en la opción es le fe religiosa del médico, con los católicos mucho menos propensos a la eutanasia asistida, seguidos a distancia por judíos y protestantes.
Más del 46% de los entrevistados que han dicho no tener «ninguna religión» han dicho que habían suministrado fármacos en dosis mayores de lo necesario para aliviar los síntomas, con la intención de acelerar la muerte del paciente.
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