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Libreta de salud infantil familiar digital




Claves para un inicio escolar saludable

Fuente: Ministerio de Salud Republica Argentina

El comienzo del ciclo lectivo es una buena oportunidad para controlar el estado de salud de los chicos y fomentar hábitos saludables. Desde la vacunación hasta mantener una alimentación nutritiva ayudan a lograr un óptimo rendimiento escolar.

A pocos días del inicio del ciclo lectivo, es necesario tomar algunos recaudos para garantizar que los chicos comiencen las clases de forma saludable. Corroborar que tengan las vacunas al día, realizar los chequeos oftalmológicos y odontológicos de rutina y ofrecerles una alimentación variada y nutritiva son algunas de las claves para asegurar un buen rendimiento en la escuela.

En ese sentido, el ministro de Salud de la Nación, Juan Luis Manzur, afirmó que "un niño que tiene los controles de salud al día y que se siente bien es un niño que aprende más y mejor.

Por eso, queremos que todas nuestras criaturas estén sanas para ir a la escuela", al tiempo que destacó que "esta es la manera en que un país crece, progresa y se hace grande".


Los chicos en edad escolar viven un proceso de crecimiento que implica cambios corporales y adquisición de hábitos, aprendidos de sus propios docentes y también de sus compañeros de grado. Los adultos, por su parte, tienen un papel fundamental en el acompañamiento de los niños en esta etapa, fomentándoles el desarrollo de hábitos saludables.


Ello implica tener el calendario de vacunación completo, lo cual es esencial para proteger a los chicos de diferentes enfermedades, beneficiando no sólo a quien se aplica la vacuna sino a todo su entorno. Sobre esto, la jefa del Programa Nacional de Control de Enfermedades Inmunoprevenibles de la cartera sanitaria, Carla Vizzotti, recordó la importancia de "vacunar a los chicos cuando empiezan las clases, más allá de que cumpla los 6 u 11 años ya entrado el año escolar", al tiempo que detalló que "lo fundamental es que estén protegidos en ese momento, ya que es cuando comparten más tiempo con otros chicos y se pueden contagiar".

"Por un lado, está el derecho a recibir las vacunas, que son gratuitas y obligatorias, y se aplican en todos los centros de salud del país", recordó la funcionaria, y por otro -enfatizó-, "también existe la responsabilidad de estar vacunados para evitar el contagio de enfermedades prevenibles".

Es importante recordar las vacunas que deben recibir los chicos, de acuerdo a su grupo etario. Así, quienes empiezan primer grado (5 a 6 años) deben aplicarse tres vacunas: la Triple Viral (contra el sarampión, rubéola y paperas), Sabin (contra la poliomielitis) y DPT (contra la difteria, tos convulsa y tétanos).

A los 11 años, en tanto, tienen que recibir las vacunas de refuerzo; y las niñas, además, deben comenzar con la aplicación de las tres dosis de la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano (VPH) que las protege contra el cáncer de cuello de útero. Con respecto a la inmunización contra la Hepatitis B y la Triple Viral, es necesario chequear en el carnet de vacunación si fueron recibidas las dosis anteriores y, en caso de no tenerlas, acercar a los chicos a un centro de salud o vacunatorio para completar el calendario.

Otra de las claves para un comienzo del año escolar saludable tiene que ver con la salud visual y auditiva. Al respecto, la directora de Medicina Comunitaria de la cartera sanitaria nacional, Silvia Báez, explicó que "el ojo del niño, a diferencia del adulto, se caracteriza por variar sus parámetros de normalidad según la edad, por eso se recomienda realizar un control oftalmológico anual para valorar, entre otras cosas, la agudeza visual".

Asimismo, "si los padres creen que su hijo tiene pérdida auditiva, deben pedirle al médico que le haga una prueba de la audición lo antes posible. Los signos y síntomas varían en cada niño, por eso es importante hacer este estudio", agregó Báez.

A menudo, los problemas visuales o de audición se confunden con problemas de aprendizaje o de atención, considerándolos "mala conducta". En tal sentido, cuanto antes se detecten más posibilidades habrá de que no perjudiquen la salud de los niños y su desempeño en la escuela.


La importancia de la alimentación

La alimentación –y en particular el desayuno– es fundamental en el desarrollo de los chicos, lo que redundará en su rendimiento escolar. De esta forma, si están bien alimentados, estarán más atentos y aprenderán mejor.

Los padres y docentes, por su parte, deben evitar que los niños consuman comidas ricas en grasas o azúcares, productos de copetín y bebidas gaseosas azucaradas, que no sólo no aportan vitaminas, minerales y otros nutrientes, sino que pueden contribuir a la obesidad infantil. De tal modo, para prevenir el sobrepeso se recomienda a los adultos fomentar hábitos de vida saludables entre los más chicos, mediante la ingesta de una alimentación variada que incluya frutas, verduras, legumbres, cereales y carnes, y la práctica de actividad física cotidiana.

En otro orden, una buena alimentación debe acompañarse de una limpieza bucal acorde en la casa y en el establecimiento educativo. Si los alumnos almuerzan en la escuela, deben llevar su cepillo todos los días o bien dejarlo en la institución para que la higiene se realice de manera habitual, además de disminuir o evitar el consumo de golosinas que producen caries.


ProSanE
Desde 2008, el Programa de Sanidad Escolar (ProSanE), dependiente del Ministerio de Salud de la Nación, evalúa el estado de salud de alumnos de primero y sexto grado de los establecimientos públicos y privados de todo el territorio nacional, realiza el seguimiento de la atención de los problemas sanitarios que se hubieran detectado e implementa acciones de promoción y prevención de la salud en las escuelas.

Sólo en 2012, el ProSanE evaluó 220.000 niños en 3.948 escuelas distribuidas en 20 jurisdicciones del país y en más de 22 municipios de la provincia de Buenos Aires. De allí se relevó que el 25% de los alumnos de primer grado presentaban alteración de la agudeza visual, mientras que 6% de ellos usaba lentes; el 1,88% padecía algún grado de hipoacusia y el 4.9 % presentaban trastornos de fonación.

En relación a la salud bucal, hubo una alta prevalencia de caries en los niños en edad escolar, al tiempo que al 71% de los estudiantes se les había aplicado flúor. Del total de los niños controlados, el 59,6% fueron derivados a especialistas –el 35% a odontología; el 10% a oftalmología; el 9% a nutricionistas; y el 9,5% a pediatría.



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