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Libreta de salud infantil familiar digital





Consultar a un pediatra o a un domador

Fuente Hijos Unicos www.hijosunicos.com.ar
Autor Amauri Baroja


A la Cata no le gustan los guardapolvos blancos. Es más, los aborrece. Es cierto que no podría generalizar acerca de si le teme a todos los guardapolvos blancos o solamente a algunos, porque en sus 29 meses de edad, sólo se ha enfrentado a delantales que habitualmente dentro, contenían esas personas llamadas doctores. El caso es que a Catalina no le caen simpáticos, ni los delantales ni los doctores.

Evidentemente, la infección urinaria que sufrió en sus primeras semanas de vida y que derivó en una serie interminable de estudios clínicos que se extendieron hasta después de cumplir su primer añito, dejó irremediablemente su huella. No la culpo, “quien se quemó con leche ve a la vaca y llora” reza el dicho y por eso, fue que durante los días anteriores a la consulta de rutina con su pediatra, ensayamos detalladamente lo que sería la visita al doctor.

Nos calzamos el guardapolvín que Vero utiliza en su gabinete psicológico y pusimos a rodar nuestra imaginación para crear el ambiente y el instrumental necesarios que suelen utilizar los médicos de niños en sus prácticas y persuadimos a Pluto y a Goofy para que actúen de pacientes, idea que finalmente a ellos les resultó genial y que gentilmente aceptaron sin de decir ni guau. Parecía que todo estaba encaminado.


El cordón que usamos a modo de estetoscopio funcionó perfecto para la auscultación pulmonar de Pluto y el audiómetro no mostró dificultad alguna en las orejas de Goofy. Revisamos ambas gargantas e hicimos tacto sobre el abdomen de nuestros amigos, para luego despedirlos recordándoles algunas recomendaciones de rutina, tales como cepillarse los dientes antes de acostarse o no ingerir demasiados dulces.

Pues todo esto no sirvió de nada. Los gritos de la Cata podían oírse a kilómetros de distancia sin necesidad de amplificación y las patadas que revoleaba sin control por el aire, podrían haber sido medalla de oro en Beijing en la disciplina Kun Fú infantil.

Lo único que logró calmar a Catalina, fueron las sabias palabras de Jorge, nuestro pediatra, que la autorizaron a comerse unas ricas papas fritas de vez en cuando…

 


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