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Informe anual del Departamento de Estado de EE. UU. sobre Derechos Humanos
Un elemento clave en la lucha contra el terrorismo

WASHINGTON, 16 marzo 2002 (ZENIT.org).- La semana pasada el Secretario de Estado norteamericano, Colin L. Powell, presentaba el informe anual sobre derechos humanos en el mundo. El Departamento de Estado somete cada año su “Informe Nacional sobre la Práctica de los Derechos Humanos” al Congreso.

El texto de este año fue redactado bajo las consecuencias de los ataques terroristas del 11 de septiembre y el comienzo de la campaña norteamericana para acabar con el terrorismo. El prefacio de Powell al informe establece: “Puesto que estamos defendiendo nuestra seguridad tras los sucesos del 11 de septiembre, hemos puesto la salvaguarda de los derechos humanos y la democracia como base de nuestros esfuerzos”.

El informe para el 2001 observa que “junto con la necesidad de defendernos se ha llegado al creciente convencimiento de que el terrorismo ha estado ganando seguidores en los países en que se niegan los derechos humanos y se reprimen las libertades civiles”. La promoción que los Estados Unidos hacen de los derechos humanos se basa también en la premisa de que “los gobiernos estables y democráticos ofrecen el camino más claro al desarrollo económico y a la prosperidad que las naciones y sus gentes buscan”.

Las claves del desarrollo
En la parte positiva, el informe constata un cierto número de avances en el último año. Obviamente comienza mencionando Afganistán, donde “han acabado cinco años de leyes represivas de los talibán ”. Un nuevo gobierno “de amplia aceptación y pluralista” ha sustituido a los talibán, que entre otras cosas negó los derechos de las mujeres.

Se menciona también a Perú para alabarlo. El Departamento de Estado declaró que las elecciones presidenciales y legislativas “lograron en general los niveles internacionalmente exigidos para las elecciones libres y justas y demostraron el ímpetu en la región hacia las reformas democráticas”.

El informe también ha alabado a la Organización de Estados Americanos por haber adoptado una “carta democrática inter-americana”, que declara que “la gente de las Américas tiene un derecho a la democracia y que sus gobiernos tienen una obligación de promoverla y defenderla”.

Algunos países de Oriente Medio también han dado pasos positivos en el campo de los derechos humanos, reconocía el informe. Bahrein, por ejemplo, ha anulado el Acta de Seguridad del Estado, que permitía el arresto arbitrario, la detención prolongada y el exilio forzado. El gobierno también ha dado la libertad a todos los presos políticos y ahora promueve un ambiente de apoyo a la discusión política abierta.

En Asia, Tailandia ha tenido las primeras elecciones para la Cámara de Representantes desde la Constitución de 1997, hacía notar el informe norteamericano. Ésta ha seguido a la elección en el 2000 de los miembros del Senado, que antes eran designados por el rey. Y Timor Oriental ha continuado su camino hacia la independencia con sus primeras elecciones para este año.

A continuación, el Informe critica la situación de los derechos humanos en varios países. En Bielorrusia, el presidente Alesandr Lukashenko amplió el término de su mandato el pasado mes de septiembre “mediante un proceso que no respondía a los promesas hechas por el gobierno a la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa”.

En África, la convocatoria a elecciones de este mes en Zimbabwe “se vio truncada por una campaña de violencia e intimidación a la oposición, por una infracción de las leyes, y por haber socavado instituciones democráticas tales como el sistema judicial y los medios de comunicación independientes, que ponen en seria duda la imparcialidad y transparencia de las elecciones”.

Cuba, desde hace mucho tiempo un blanco de las críticas de Estados Unidos en el campo de los derechos humanos, no podía ser ignorada. “El gobierno cubano ha continuado negando a sus ciudadanos los derechos civiles y políticos básicos”, establece el informe llanamente. Las autoridades prohíben la libre expresión de las ideas políticas y el gobierno encarcela a personas por razones políticas, hace notar el informe.

Se enumeraron algunos países donde se practica la detención arbitraria, la tortura y los asesinatos extrajudiciales. El Departamento de Estado acusa a las fuerzas de seguridad de torturar con frecuencia a los detenidos en China, Indonesia, Kenya, Birmania, Uzbekistán, México y Turquía. Y mientras que Uzbekistán ha puesto en libertad a 800 presos acusados de crímenes contra la Constitución, “varios millares más permanecen en prisión”.

Con respecto a China, el informe observaba que la “ideología marxista ha dado lugar al pragmatismo económico y la descentralización económica ha aumentado la autoridad de los funcionarios locales”. Sin embargo, China sigue siendo un “estado autoritario”, donde el Partido Comunista controla los medios de comunicación y la forma de vida de muchos ciudadanos y, con frecuencia, interfiere en los procesos judiciales.

En general, el expediente del gobierno chino en cuanto a derechos humanos “sigue siendo pobre”, con numerosos abusos de las autoridades. “Cualquier persona o grupo, ya sea religioso, político o social” que se considera una amenaza al poder del gobierno, viene suprimido rápidamente, reconoce el informe. “El respeto del gobierno por la libertad religiosa continúa siendo pobre”, continúa el texto. Además, las políticas coactivas de planificación familiar siguen siendo un problema, incluyendo el aborto y la esterilización a la fuerza.

El Departamento de Estado reserva críticas a sus principales aliados. Arabia Saudí “prohíbe que se establezcan partidos políticos y suprime los puntos de vista de la oposición”, observa el informe. “El gobierno prohíbe o restringe la libertad de expresión, de prensa, de reunión, de asociación, de religión y de movimiento”, establece el texto. También se critica a las fuerzas de seguridad porque continúan “cometiendo abusos contra los detenidos y los presos, arrestando y deteniendo arbitrariamente a las personas, manteniéndolas incomunicadas tras su detención. Además “hay alegatos de que las fuerzas de seguridad emplean la tortura”.

En Israel, el informe observa las dificultades creadas por los problemas internos de seguridad debido a los ataques terroristas. Al mismo tiempo, el Departamento de Estado precisa que “continúan los problemas con el trato a los ciudadanos árabes”. Entre otras cosas, denuncia el uso por parte de Israel de munición contra manifestantes desarmados y la tortura de presos.

Críticas a los Estados Unidos
No todo el mundo está de acuerdo en que los Estados Unidos se autproclame juez de otros países. En reacción al informe, China declaró que el informe del Departamento de Estado estaba “lleno de mentiras” en sus acusaciones sobre la represión de la libertad religiosa. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Kong Quan, acusaba a Estados Unidos de cerrar los ojos antes sus propios abusos de los derechos humanos, informaba Reuters el 5 de marzo.

De hecho, algunos grupos de derechos humanos apuntan a los abusos cometidos dentro de los Estados Unidos. El 4 de marzo, Amnistía Internacional publicó un informe en el cual invita a las autoridades federales de Estados Unidos a que haga una encuesta nacional sobre el uso de “sillas de alojamiento” en los centros de detención y celdas (jaulas); tras cuatro muertes entre febrero del 2000 y agosto del 2001. Amnistía también ha publicado recientemente críticas contra la pena de muerte y las condiciones de los detenidos en la prisión de la bahía de Guantánamo, Cuba.

Como reacción al informe del Departamento de Estado, Tom Malinowski, director de la Human Rights Watch de Washington, comentaba, “para la mayoría, el Departamento de Estado merece cierto crédito. Pero un informe sobre derechos humanos no es en sí mismo una política de derechos humanos”. Hacía notar la importancia de que se apliquen los resultados del informe a las decisiones políticas futuras.

A pesar de sus fallos y de la ocasional carencia de imparcialidad, los Estados Unidos no sufren la política interna que paraliza a la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Este organismo no se ha pronunciado en los últimos años contra las violaciones de los derechos humanos en China. Hace algunos meses, una votación alejó a los Estados Unidos de esa Comisión, mientras eran elegidos como miembros de la misma países como Cuba, Sudán y Siria.

Si bien la estrategia norteamericana en su “guerra contra el terrorismo” puede ser objeto de abierta discusión, la atención que esta guerra está enfocando hacia los derechos humanos beneficiará a todas las naciones.
 
 


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