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del blog Retiario, por Pepe Cervera

Cuando los contenidos de internet se llevan puestos a los "expertos" a base de trabajo, esfuerzo, conocimiento y pasión.

Una vez más, y van unas cuantas desde que se inventara la imprenta, un autor deplora el deletéreo efecto que la invasión de dilettantes y aficionados de todo pelo tendrá en las sagradas tradiciones estéticas de la cultura. Porque sabido es que facilitar la difusión del pensamiento de todos sin límites es una afrenta a la implacable persecución de la excelencia que constituye la tarea diaria de los profesionales de la cultura y el entretenimiento.

Los frecuentemente citados casos de Wikipedia, las estulticias que pueblan YouTube o fenómenos como la invasión de los LOLCats demuestran, según estos defensores del elitismo profesional, que los aficionados nada tienen que contribuir a la cultura. Lo culto sería pues una exhaustiva carrera hacia la excelencia y la exquisitez en la que tan sólo la dedicación exclusiva (y remunerada) podría garantizar el mínimo nivel de calidad exigible. Los 'amateurs' son una plaga, una maldición, los portaestandartes del inminente fin de la cultura a causa de una masiva intoxicación de pésimos trabajos. La estricta separación entre creadores y consumidores de cultura debería ser mantenida a toda costa, por el bien de todos.

Cierto es que ningún profesional de la escritura, la comunicación o la imagen en su sano juicio hubiese diseñado 'productos' culturales como CheddarVision, Kitty Goes Potty (para enseñar al gato a usar el inodoro) o el grupo 'Ositos de gominola' de Flickr. Y que resulta ridículamente sencillo encontrar en Internet decenas, centenares o miles de estupideces, torticeras malinterpretaciones, ignorantes parrafadas o estupefacientes razonamientos obra de 'amateurs'.

Pero eso no es lo verdaderamente sorprendente. Lo que de verdad es llamativo no es que muchos aficionados hagan cultura de baja calidad, sino la baja calidad del producto de los profesionales de la cultura. Que la Wikipedia o un blog tengan errores, que su cobertura sea insuficiente en unos casos y apabullante en otros, que YouTube esté repleta de adolescentes haciendo tonterías o que muchas fotos de Flickr estén desenfocadas o sigan extraños criterios estéticos es normal.

Lo llamativo es que todos esos errores también los cometan los periodistas, los escritores, los editores de enciclopedias de marca y los productores de audiovisuales a quienes se paga por su trabajo. Los profesionales hace mucho tiempo que han abdicado de la calidad, llegando a situaciones grotescas. La cultura que hacen los profesionales por lo general no se distingue del resto. Y esto es un escándalo.


Lo que mata la cultura no es la proliferación de aficionados o la invasión de productos de mala calidad, sino el fracaso de los profesionales en producir obras de gran calidad. Si nuestros periódicos, obras literarias, películas televisivas, fotografías y enciclopedias respondiesen al gusto y las necesidades de los internautas; si Internet estuviese inundada de contenidos accesibles de gran calidad producidos por las empresas especializadas y por sus profesionales de plantilla, no habría hueco para los aficionados. Nadie se molestaría en recopilar blogs si los periódicos fuesen como deberían ser; nadie recorrería YouTube buscando entretenimiento televisivo si la programación de las televisiones fuese potable. Y nadie se arriesgaría a fiarse de la Wikipedia, y mucho menos se molestaría en escribirla, si las enciclopedias profesionales no tuviesen tambié errores, para encima intentar apropiarse del conocimiento humano y cerrarlo al acceso del público.

La cultura no se salva reivindicando el elitismo, sino practicándolo; si los profesionales de la producción cultural hicieran lo que deben no tendrían que preocuparse por la competencia 'amateur', porque su obra dejaría claro quién es élite y quién no. Internet no mata la cultura, pero sí que deja desnudos a quienes no son capaces de demostrar su presunta superioridad, a quienes dedicándose profesionalmente a fabricar cultura son superados a veces por gentes que no cobran, pero aman. Menos quejarse de la pésima situación de la Red, y más mejorarla aportando calidad a sus productos.

Fuente: blog Retiario, por Pepe Cervera

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