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Libreta de salud infantil familiar digital




Los límites en la infancia: una necesidad saludable.

¿Por qué les cuesta tanto a los padres poner límites a sus hijos?
¿Tendrá que ver la realidad cultural de nuestros tiempos, la inmediatez con que se vive todo, hasta la propia paternidad?
¿Entonces es más simple aceptar todo lo que desean los hijos, porque así se van a quedar contentos y problema solucionado?
¿Será que los padres están cada vez menos tiempo en contacto con ellos, y cuando lo están quieren compensar lo que el tiempo no pudo dar?
Limites en la infancia

Cantidad difiere de calidad: no sólo interesa el tiempo cronológico, sino la calidad de cada encuentro y lo que es transmitido en ellos.

¿Tendrá algo que ver la experiencia de la infancia de los propios padres, limitados en exceso por sus propios progenitores (entonces compensar sus sufrimientos dando más flexibilidad a sus hijos), a modo de no repetir historias? ¿Será que los adultos no pueden poner límites, porque no hubo un lugar previo para ese niño, ó bien ese lugar es inconsistente? Cuando esto ocurre, vemos niños que se mueven en exceso ó se inhiben buscando su espacio inconscientemente desde el síntoma.

Los anteriores, son interrogantes que me surgen de la práctica cotidiana en clínica psicomotriz con niños, y que me llevan a replantearme las estrategias de tratamiento con cada uno de ellos.

En mi experiencia como psicomotricista y profesora de Educación Física, he tenido que abordar diferentes cuestiones problemáticas en relación con los límites ó con la ausencia de éstos.

¿Qué son los límites? ¿Los niños, los necesitan? Para la Real Academia Española ( 22 º edic.) , límite es, entre otras acepciones, “línea real ó imaginaria que separa dos países, dos territorios”, “ fin, término”. Nuestros niños necesitan de límites, de finales, de términos, con esto quiero decir que poner normas y marcar espacios (físicos ó de tiempo) para que el niño sienta contención, es de vital importancia para su desarrollo como ser humano.

El límite no supone castigo ni desamor, por lo contrario es amor dado por quien tiene la responsabilidad de encauzar la vida del niño, sea éste un hijo, alumno ó paciente.
El ser humano, está inmerso en una sociedad con una cultura determinada que varía de un país a otro, hasta de una ciudad a otra, por ello las normas y límites como los derechos y obligaciones que tiene cada sociedad, condicionan en cierta manera la conducta de un sujeto.

Desde la gestación, el ser humano encuentra los primeros límites de su existencia, en las paredes del útero de su madre; primer espacio físico y delimitado que le otorga contención y por sobre todo inaugura su existir físico en el mundo, es decir, el límite otorga un LUGAR. Incluso antes de ocupar ese primer espacio físico (útero materno), se da previamente en el deseo de nuestros padres, en un espacio mental y deseante de nuestros progenitores.

Al comenzar la aventura de la vida fuera del vientre materno, el bebé necesita contención amorosa y física. La misma es dada principalmente por el cuerpo de la mamá ó quien cumpla esa función (teniendo en cuenta que la función no es exclusiva de la madre biológica). Existen innumerables casos de niños que pierden a su madre, y la función pasa a cumplirla una tía, abuela, etc.

En los primeros meses de vida de todo ser humano se da una diada (relación de pareja especial) entre madre y bebé; esto es normal hasta que paulatinamente ese niño va adquiriendo aptitudes emocionales y motrices lo que le darán una autonomía cada vez mayor. A su vez la figura paterna con su intervención, va separando esa diada normal al comienzo de la vida de un niño, para la adquisición progresiva de su autodependencia, y si esto no ocurriera, madre e hijo quedarán simbiotizados de una manera patológica con consecuencias no deseadas para el desarrollo ulterior.

Esto no quiere decir que los padres se hagan a un lado; todo lo contrario, seguirán conteniendo a ese niño, con amor y límites. El pequeño no podrá realizar todo lo que se le venga a las ganas cuando y donde quiera, ya que si bien la cultura precede a su existencia, son los padres ó quienes cumplan la función, los que le darán al niño la posibilidad de inscribirse y ser parte de la misma.

La conquista de un lugar de existencia, como vimos, comienza desde antes del nacimiento. A medida que el niño crece, se irá posicionando según el lugar que le den sus adultos, imaginemos esta situación: mientras Leandro se encuentra parado frente al tobogán, viene otro niño de su misma edad a querer ocupar su lugar. La reacción de Leandro es la de empujar al otro niño para que no suba a “su” juego, y el padre preocupado, le dice a su hijo “no seas malo, Leandro!”. Le llama la atención a modo de poner límites a su hijo, pero este papá, ya está anticipando que su hijo es malo, al decirle que no lo sea.

El niño simplemente buscaba su lugar y no una sanción. Está en los adultos encontrar la manera de contener a los niños con la voz, el cuerpo y la mirada para que si están haciendo algo que puede molestar a otros ó a ellos mismos, lo puedan cambiar, pero siempre sabiendo para qué y por qué hacerlo. De esta manera, el límite se inscribirá en la vida del ser humano otorgandole un lugar simbólico desde donde ser y moverse.

Todos los niños del mundo necesitan de límites para crecer y constituirse lo más “sanamente” posible, y los niños con alguna discapacidad no quedan exentos, sea cual fuere la misma, aunque generalmente a sus padres les cuesta aún más, esta tarea de amor, ya que manifiestan que al haber sufrido tanto con ellos, prefieren dejarlos que hagan lo que deseen.

Por ello, en nuestro abordaje terapéutico, no debe faltar la orientación a la familia de la importancia que reviste la puesta de límites hacia sus hijos.
El límite otorga posicionamiento, desde el cual el niño podrá moverse con libertad.

No existe un manual para padres, terapeutas y docentes de cómo poner límites a los niños, pero como mencioné anteriormente, la propia experiencia de la infancia de los adultos, influirá en la manera de posicionarse frente a los mismos. No existen recetas, pero sí hilos conductores como son el amor, el cuidado y la responsabilidad.

Bibliografía:
- Cabas, Godino Antonio. Curso y Discurso de la Obra de J.Lacan. Helguero Editores. 1983. Argentina.
- Esteban Levin. La clínica psicomotriz. Editorial Nueva Visión. 1995. Buenos Aires, Argentina.


Autor
María Silvina Plaza
Psicomotricista-Prof de Ed Física.
silviplazanat(arroba)hotmail.com


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Temas de conducta
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