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Libreta de salud infantil familiar digital





Exijo un período de adaptación para padres

por Amauri Baroja www.hijosunicos.com.ar

Con Vero pensamos que a la Cata le vendría bien sociabilizar un poco más. Abrir su mundo. Ella vive su vida con la única referencia que le brindamos nosotros, sus padres. No recibe impresiones de otras personas y su existencia transcurre rutinaria.



Sus abuelos viven a varios kilómetros, lo que no es muy frecuente que los vea y sus primos, ya saben, viven en Europa, y la relación que tiene con ellos es sólo a través de una webcam o por los comentarios que podemos ofrecerle. Además, de mi parte, creo que ya no puedo sorprenderla o entregarle cosas nuevas. No queremos que se estanque con todo lo que pudimos enseñarle hasta aquí. La Cata es curiosa, siempre está dispuesta a aprender cosas nuevas y disfruta de originales actividades. Tampoco buscamos un prodigio, pero creemos que tiene suficiente potencial y sobre todo muchas muchas ganas de aprender.


Decidimos poner manos a la obra para encontrar entonces alternativas acordes a su edad. Descartamos el jardín de infantes porque prácticamente está terminado el año y nos centramos en buscar un lugar que a ella le permita expresarse y aprender cosas nuevas.


Lo de la actividad es una excusa. Lo que en realidad buscamos es que la Cata tenga mayor vida social, que conozca amigos, esta vez de carne y hueso y no sólo de peluche, y que logre de a poco consolidarse como un individuo y que sepa que la vida es mucho más que lo que le ofrecen sus padres. De paso así evitaríamos, el año que viene, lo traumático de la adaptación a un jardín.


Con esta premisa, dedicamos varias tardes a recorrer sitios que ofrecían actividades para chicos, que por cierto no son muchos, sobre todo teniendo en cuenta que mi hija tiene apenas 2 años y cuatro meses, y por lo general las “escuelitas” o “talleres” están dirigidos a chicos más grandes. Insistimos en la búsqueda y casi de casualidad, una compañera de Verónica le comentó que su nieta Connie, asistía desde hace varios meses a una escuela de cocina, lo que nos pareció genial.


Nos comunicamos el día lunes con el lugar y luego de una agradable atención telefónica decidimos llevarla a lo que sería su primera actividad fuera de casa.

Una experiencia nueva, en un lugar diferente y con gente que jamás había visto, y donde sus padres no estarían detrás de ella para concederle todo lo que se le ocurriera.

Todo un desafío. Como la clase la dictan los días viernes, estuvimos toda la semana preparándola para el gran día.
Le hablamos de su profesora, de los amiguitos nuevos que conocería y sobre todo pusimos el acento en que se quedaría sola por una hora y media y que nosotros la recogeríamos al finalizar su clase.


La Cata parecía estar convencida. Vero también. Yo, no tanto. Tal vez mi temor se deba a mi edad o la intensa relación que tenemos con la Cata.
Es que desde que nació paso todo el día con ella. Amanecemos juntos, dibujamos, cocinamos, leemos, cantamos, reímos… Así que a la fuerza tuve que acostumbrarme a la idea de su ausencia durante una larguísima hora y media. ¡Ufff! En sólo cuatro días debía convencerme que por noventa minutos no escucharía el murmullo de Catalina, no estaría pendiente de su pañal o que no estaría allí cuando ella me necesite. Intenté algunas excusas hasta que comprendí que debía dejar a mi egoísmo y mis temores de lado, para que la experiencia de la Cata resulte exitosa. Y el viernes fuimos. Llegamos puntuales.


En la puerta nos recibió Julia, la chef que estaría a cargo de mi hija, que cariñosamente la besó y tomándola de la mano la condujo a la cocina para que conozca a sus nuevas compañeritas. Catalina se puso a conversar con absoluta naturalidad. Se la notaba entretenida.
Nos miramos con Vero y noté en sus ojos verdes ese brillo que da la emoción. Yo creo que disimulé bastante bien mi esfuerzo por evitar llorar. Caminamos en silencio y tomados de la mano durante varios minutos. Nos sentamos en un bar para esperar que llegue la hora de retirar a la Cata.


Yo sentía que me faltaba un brazo o una pierna. Todo era muy raro. Hacía más de dos años que con Vero no salíamos solos así que de pronto, volvimos a estar de novios. Descubrir eso nos ayudó a calmar nuestra ansiedad. Hablamos de eso y nos reímos mientras no dejábamos de observar el reloj que corría lento.


Hicimos nuestro primer llamado: “todo bien, quedate tranquila que está perfecta” le dijeron a Vero desde la escuelita.
Así que sólo esperamos que se hagan las 20.30 hs. Puntuales más que nunca fuimos por nuestra hija, que nos agasajó con su primera faena culinaria. Un postre de frutas, dulce de leche y chocolate que nos ayudó a comprender que Catalina está creciendo. Habrá que aceptarlo nomás…

por Amauri Baroja www.hijosunicos.com.ar

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