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Una Eva de 15 gramos

Este no va a ser el típico homenaje a las madres, de esos que abundan en todo formato, desde “La madre” de Gorki, pasando por el “Retrato de la madre del artista” de Whistler, siguiendo por el “Madre e hija” de Klimt, hasta llegar a las postales que se venden y se compran en los días correspondientes.
Claro que estarán presentes, tanto en el sentimiento como en el pensamiento, aquellas que cumplieron su función, sean o no biológicas, de sus propios hijos, de los amigos de sus hijos y aún de los desconocidos.
Aquellas que van a la plaza a pasear y a jugar con sus niños y aquellas que van a la plaza a buscarlos y siguen luchando y hoy son las madres de todos los que buscan justicia.
Para todas ellas y aquellas va este homenaje atípico.

¿Y por qué es diferente? Simplemente porque aquí vamos a homenajear a la madre de todas las madres, a la plausible primera madre y no a las claramente imaginarias primeras madres, que surgen en la cultura como un reflejo de la necesidad de encontrar siempre un mito de origen. Hoy vamos a hablar de la primera mamífera placentaria de la historia de la vida en la tierra, la Juramaia sinensis.

Mamíferos placentarios somos muchos, los humanos, los gatos, los perros, los osos, las ballenas, las ratas, los conejos, por mencionar sólo algunos. Hay otras “infraclases” (tal es su clasificación en la biología sistemática) de mamíferos, como los marsupiales y otro “orden” como los monotremas, al cual pertenece el simpático y enigmático ornitorrinco.
Los primeros tienen su clásico saco marsupial, donde la cría, que nace extremadamente prematura, culmina su desarrollo en el medio externo pero dentro de la bolsa de la madre. Los segundos nacen de huevos, incluso durante mucho tiempo se pensó que eran reptiles con pelo; hoy sabemos que son claramente mamíferos, en función de otras características que también los definen. Hay entonces, dentro de la gran familia de los mamíferos, tres formas de gestación, la ovípara, la del saco marsupial y la placentaria.

La placenta es una maravilla de la naturaleza.De todas las estrategias reproductivas es la interfaz que mayor contacto ofrece entre madre y cría. En los ovíparos el contacto durante la gestación es nulo. Dentro del huevo se encuentran todos los nutrientes necesarios y en el huevo se quedan las excreciones de la cría en gestación.

Entre los marsupiales, por carecer de placenta, el desarrollo del embrión debe completarse fuera del cuerpo de la madre, debido a que el nacimiento es claramente prematuro. Va quedando develada así la importancia de la placenta para aquellos mamíferos, como nosotros, que necesitamos un prolongado período de crecimiento y desarrollo. Con la placenta el contacto entre madre y cría se vuelve más íntimo. La nutrición, la excreción y la respiración suceden por ese órgano increible. La placenta surge de las propias células del cigoto y se inserta en el endometrio de la madre, con múltiples capilares que se conectan en un abrazo vital que dura el tiempo de la gestación.

La Juramaia sinensis fue la primera mamífera de la que se tiene registro y que desarrolló una placenta. Es la madre de todas las madres. En un sentido evolutivo, todos los mamíferos placentarios descendemos de ella. Vivió hace aproximadamente 160 millones de años, cuando los gigantescos dinosaurios gobernaban la tierra. Su tamaño era minúsculo, de apenas 15 gramos. Tal vez su pequeñez fue la clave de su supervivencia, ya que en función de ello era poco el alimento que necesitaba para sobrevivir y también era poco el alimento que podía ofrecer a los predadores más importantes de su tiempo.

Pero lo que, sin lugar a dudas, hizo la diferencia, sobre todo pensando en el futuro (aunque ella no pensara), fue la aparición de la placenta. Ese dispositivo le permitió llevar a sus crías, durante el período de mayor vulnerabilidad, la gestación, con ella. De ese modo las protegía de las inclemencias del tiempo (manteniendo una temperatura constante, cosa que es más difícil hacer con una estrategia ovípara) y de los predadores (para comerse a las crías ahora primero debían comerla a ella). Tan eficiente fue esa clase de gestación, que hoy en día, la mayoría de los mamíferos, incluyéndonos a nosotros, los humanos, seguimos utilizándola.

Desde un punto de vista evolutivo, ella fue la primera Eva, la primera que llevó a su cría en su vientre y la que inició así el largo camino que nos trajo también a nosotros.

Autor
Diego Martin Diaz Cordova
Antropólogo (UBA)
Director de Programación en Zonapediatrica.com y Citaldoc.com

 

 

 

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