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Psicologia

Libreta de salud infantil familiar digital





El comienzo de una relación con el mundo

Agradecemos a la Licenciada en psicología Verónica Diez por el presente artículo.


    Alguna vez se han sentido algo incómodos por tener que llevar a cuestas objetos curiosos o hasta ridículos consigo, por pedido de sus hijos? Qué significan para los niños esos objetos, de los cuales no quieren desprenderse por nada del mundo ?.

Todos aquellos que son padres o se encuentran diariamente con niños pequeños, seguramente, habrán observado las primeras actividades de los bebés. Algo que llama la atención es la relación curiosa que tienen con los objetos que se encuentran a su alrededor, sobre todo esos a los que recurren cuando tienen miedo o se van a dormir.

Como todos sabemos, al comienzo los niños, suelen limitarse a meterse los puños en la boca. En general, eligen un pulgar para succionar, mientras que con la otra mano acarician a la madre, una sábana o quizá su propio cabello. A partir de esta actividad puede desarrollarse una relación con algo como un juguete, un osito o cualquier otro objeto común y corriente, que por azar se encuentra cerca. El cual pasa a ser muy importante para el niño
.

     Si bien esta actividad parecería ser una actividad refleja, sin sentido, no lo es. Se trata de  una verdadera relación afectiva del niño con lo que se inscribe como su primera posesión. El primer objeto en el mundo que le pertenece al niño y que no forma parte de él, como el pulgar, la boca o el pecho materno. Este último,  aunque nuestros ojos digan que  no es parte de  él, para el bebé que se encuentra en un estado de fusión con el cuerpo de la madre,  entra en la misma serie que los anteriores.

  Por eso hablamos de una zona intermedia, entre la madre y el niño, que sirve de marco al surgimiento de este primer objeto. Primera posesión que marcará una transición entre este estado de fusión, a un estado de relación con la madre como algo exterior y distinto de él. A este objeto se lo denomina objeto transicional. Este término fue creado por un pediatra y psicoanalista de niños llamado D. Winnicott.

Algunos ejemplos, el primero de ellos del Dr. Winnicott, pueden ayudar a que se entienda mejor a que me refiero: Un varoncito se interesó desde temprano por su cubrecama de colores. Antes de tener un año se dedicaba absorto a la tarea de clasificar de acuerdo con sus colores las hebras de lana que había arrancado. Su interés por la textura de la lana y por los colores persistió durante toda su vida y cuando tuvo que elegir una profesión, fue la de experto en colorantes para la industria textil.

Una bebita solía jugar con un estrella de tela que colgaba del techo de su habitación, todas las noches antes de quedarse dormida. Hábito que llevaba un buen tiempo. Un día los padres decidieron pintar la habitación y retiraron la estrella ya deteriorada por el paso del tiempo. Esa noche, la beba lloró durante mucho tiempo y no podían hacerla dormir, hasta que le entregaron su estrella. De inmediato se puso a jugar con ella como solía hacerlo y rápidamente se calmó y se durmió.  Estos ejemplos tienen el valor de ilustrar la gama de técnicas que los niños sanos utilizan en momentos de tensión, cambio  o separación. Todo esto tiene lugar al mismo tiempo que surge un sentimiento de seguridad y una relación del niño con una persona determinada. 

   En condiciones de salud, hay una evolución desde el fenómeno de transición, y el uso de objetos, hasta la plena capacidad para el juego. Con el tiempo estos objetos van perdiendo su función  y simplemente se van desvaneciendo y se convierten en el grupo de fenómenos que se van ampliando hasta constituir todo el dominio del juego infantil y de las actividades e intereses culturales.

  Cuando las cosas no andan tan bien, como por ejemplo que la madre o quien ocupe ese lugar, deba ausentarse por un período de tiempo que va más allá de cierto límite, el sentimiento del niño de ser sostenido amorosamente puede verse afectado. Por esto resulta necesario comprender que con el retorno de la madre, se necesitará tiempo para que se vuelve a elaborar ese sentimiento de confianza y contención. El éxito del restablecimiento de este lugar en el vínculo se observa en el renovado empleo de actividades intermedias.

Por eso, recuerde que este objeto que su hijo tanto quiere tiene un valor fundamental, en sentido fuerte, ya que será fundante de una estructura de relación con el mundo.

Si Ud. sentía cierta incomodidad por llevar estos objetos a todas partes, puede ser que esta sensación vaya cediendo a medida que considere la carga emocional que estos pequeños objetos tienen para sus hijos.

Lic Verónica Diez
Staff Zona Pediatrica


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