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Dormir

Libreta de salud infantil familiar digital




Dígale NO a la automedicación.

"Y el niño durmió."
Un relato  de un pediatra a la hora del insomnio...
Información para padres
Por el Dr. Osvaldo Stoliar


Cuando yo me recibí y empecé a ejercer como pediatra la causa más frecuente de consulta  era que el niño "no comía". Todos lo esfuerzos estaban dirigidos a que el niño comiera y madres y abuelas pedían vitaminas para abrir el apetito.

 

Hoy día, si bien ese pedido todavía subsiste, la causa más frecuente de consulta pediátrica ha cambiado: los niños no duermen o lo hacen mal.

 

Ya en las consultas prenatales la preocupación acerca de cómo hacer dormir al niño aparece, y por ende, de como será el sueño de los padres en los primeros meses.

 

En las semanas que siguen al nacimiento los padres comienzan a preguntar ¿cuando comenzará a dormir de noche? Allí yo suelo contestar que lo habitual es alrededor del mes y medio a 2 meses de edad. Pero la primera dificultad aparece cuando el bebé llega a esa edad y no da miras de querer hacer el tan ansiado intervalo nocturno. Los padres suelen preguntar ¿cuándo es normal que duerma la noche? Y allí tropiezo con la segunda dificultad, pues si bien alrededor de la mitad de los niños duerme 6 a 8 horas corridas, la otra mitad no lo hace, entonces, ¿que es lo "normal"?, ¿se puede rotular de "anormal" al 50% de los niños (y a sus familias)?

 

Hace poco tiempo tuve un pacientito que me intrigó mucho acerca de los problemas del sueño en los niños pequeños. Albertito es un chico sano a cuyos padres, Tomás y Jimena, el obstetra me los había recomendado como pediatra.

Tomás tiene 55 años y este es su segundo matrimonio teniendo dos hijos ya grandes de su matrimonio anterior. Para Jimena, de 35 años, Albertito es su primer hijo. Ambos padres tienen la misma profesión y antes de nacer Albertito, trabajaban juntos. De común acuerdo, decidieron que Jimena, después del parto, no trabajaría más, y se dedicara con exclusividad a sus tares de mama.

 

Albertito comenzó a crecer normalmente alimentado al pecho exclusivamente.

Tuvo un único problema médico: un angioma en la región glutea que con la humedad del pañal se ulceró y sangro, asustando a sus padres, pero se resolvió en poco tiempo con la ayuda de un dermatólogo infantil. Los padres establecieron conmigo una relación muy cordial y afectiva, de mutua simpatía. Pero ya desde el segundo mes de vida comenzó el problema del sueño: Albertito no se dormía, lloraba durante las noches y la madre la única opción que parecía tener era darle la teta a cualquier hora, a veces hasta 4 o 5 veces por noche. En sucesivas consultas este era el tema predominante de conversación.

Yo les sugerí varios cambios, entre ellos  sacarlo de la habitación para dormir en su cuarto, cosa que hicieron a los tres meses, pero sin resultado en cuanto al sueño. Una de mis explicaciones a ellos era que posiblemente la madre (¿o ambos padres?) tenían un sueño "muy liviano" y que el menor movimiento del niño producía en ella el despertar y un rápido acercamiento y era ella la que terminaba de despertar al niño, situación que justamente quería evitar. Una vez despierto el niño, el único recurso al que atinaba para calmarlo era la teta.  Por supuesto la versión de los padres era que el niño "se despertaba para amamantar".

 

Por ese tiempo también era perceptible que la madre no se separaba del niño en ningún momento durante el día y pensando que ella estaba quizá demasiado dependiente, cautamente exploré que pensaba  acerca de que pasaría si volviese a trabajar, posibilidad que ella rechazó de plano.

 

En esa situación se llegó a la famosa crisis de octavo mes, lo que no hizo sino agravar las cosas: el niño se "despertaba" 4 o 5 veces por noche "para comer". Al ver que mis sugerencias no daban resultado las consultas comenzaron a generarme  tensión y una sensación de fastidio y fracaso. La madre tenía ojeras y el padre que había concurrido a todas las consultas hasta ese momento, estaba tan fastidiado que comenzó a faltar a algunas.

 

En la consulta de los 9 meses la madre llegó sola con el niño y volvió sobre el tema. Yo insistí en la necesidad de que ella no concurriese tan solícitamente al cuarto de Albertito, ya yo que pensaba  que en realidad el niño no estaba despierto cuando la madre entraba, y que era miedo, angustia o ansiedad  lo que la impulsaba a entrar en el cuarto del niño. 

Le dije que yo no le podía decir mas y cambié de conversación para ocuparme de los otros aspectos del niño: su maduración, el interés por los objetos, el juego que ya iba siendo más complejo, etcétera. Esa vez Tomás llegó tarde, cuando casi estaba terminando, y en cuanto se sentó pretendió hablar del tema del sueño a lo que Jimena reaccionó diciendo que ella ya había hablado suficiente, y que yo le había dicho que mucho no podía agregar...

 

En la consulta siguiente los padres y yo soslayamos totalmente el tema del sueño. En la  de los 11 meses a la que ambos padres concurrieron, me dijeron, en cuanto transpusieron la puerta y con una sonrisa de oreja a oreja: ¡"Doctor, Albertito ya duerme toda la noche!". "¿Cómo fue?" pregunté.

Y me relataron lo siguiente: estando un dia aguardando en la sala de espera de mi consultorio, una madre les había recomendado un libro muy en boga, de autores españoles, con consejos infalibles para hacer dormir a los niños. Ellos, ni cortos ni perezosos, habían corrido a comprarlo. "Es un librito muy simple que se lee en dos horas" me dijo el padre, "el método me pareció directamente nazi" agregó, como descalificándolo. E inmediatamente la madre dijo: "Si doctor, pero habíamos llegado al limite. Tomamos la decisión porque el día anterior a que nosotros fuéramos a comprar el libro Albertito estaba tan agotado, que se había caído de sueño y había dormido toda la noche. Y luego de haberlo leído fue muy fácil porque Albertito casi no opuso resistencia y ahora duerme".

 

Yo me quede pensando y al rato les pregunte que pensaban ellos, cual era el motivo por el que Albertito había dormido la noche. "!Lo que leímos en el libro!" contestaron ambos al unísono.

 

Yo quedé estupefacto. Me era evidente que Albertito había dormido la noche de corrido un día antes de que los padres compraran el libro. Me pareció increíble que los padres no lo advirtieran, pero no les dije nada, excepto el felicitarlos por tan importante logro, y pasamos a otros temas de la consulta.

 

El episodio me intrigó. Me consta que los niños son muy perceptivos de las situaciones familiares. Me era claro que el llanto y los despertares nocturnos de Albertito jugaban alguna función en la situación familiar, pero no me era claro cual ni como. También que el cambio de conducta de Albertito estaba ligado a algo que los padres hicieron antes o mientras compraban el libro y que no era resultado del contenido del mismo.

Conversé el tema con amigos psicoanalistas: algunos me dieron una interpretación relacionada con el complejo de Edipo, que el padre al decidir comprar el libro con la madre le había demostrado a esta su interés por recuperar totalmente la privacidad conyugal, y que a ella eso le había agradado y aceptado. Otros atribuyeron el efecto a mi actitud respecto al tema: en una de las consultas, tal cual lo conté mas arriba, yo me cansé del tema y le puse un límite, lo que fué percibido claramente por la madre: los padres tomaron mi puesta de límites como ejemplo de que también con Albertito se podían poner límites y tomaron la decisión de hacerlo: como con los límites lo mas importante es la decisión, Albertito lo percibió claramente  y durmió en consecuencia. ¿O fueron los padres los que percibieron y llegaron al límite?

 

Yo pensé  en que quizás para algunos padres es mas importante el consejo de otro padre que el del médico.  En fin, no tengo claro porque "el chico durmió", pero lo cierto es que en las consultas posteriores pude comprobar que ambos padres estaban muy contentos porque pudieron después de mucho tiempo volver a salir juntos y con amigos dejando a Albertito al cuidado de un familiar. Jimena no había vuelto todavía a trabajar pero estaba pensándolo, y a ambos padres se los veía muy bien el uno con el otro.

Y usted, estimado lector padre o madre, ¿qué le parece? ¿por qué el chico finalmente durmió?


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